lunes, 20 de octubre de 2008

Un bizcaino no es español (Sabino Arana)

“La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español, inexpresiva y adusta.
El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero).
El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe.
El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras y sabréis que un bizcaino hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos.
El bizkaino es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre); el español, perezoso y vago (contemplad sus inmensas llanuras desprovistas en absoluto de vegetación).
El bizkaino es emprendedor (leed la historia y miradlo hoy ocupando elevados y considerados puestos en todas partes... menos en su patria); el español nada emprende, a nada se atreve, para nada vale (examinad el estado de las colonias).
El bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser señor ("etxejaun"); el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo (pulsad la empleomanía dentro de España, y si vais fuera de ella le veréis ejerciendo los oficios más humildes).
El bizkaino degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice.
El bizkaino es caritativo aun para sus enemigos (que lo digan los lisiados españoles que atestan las romerías del interior y mendigan de caserio en caserio); el español es avaro aun para sus hermanos (testigo, Santander cuando pidió auxilio a las ciuadades españolas en la consabidas catástrofe).
El bizkaino es digno, a veces con exceso, y si cae en la indigencia, capaz de dejarse morir de hambre antes de pedir limosna (preguntádselo a las Conferencias de San Vicente de Paúl); el español es bajo hasta el colmo, y aunque se encuentre sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar (contad, si podéis, los millares de mendigos de profesión que hay en España y sumidlos con los que anualmente nos envía a Euskeria).
Interrogad al bizkaino qué es lo que quiere y os dirá "trabajo el día laborable e iglesia y tamboril el día festivo"; haced lo mismo con los españoles y os contestarán pan y toros un día y otro también, cubierto por le manto azul de su puro cielo y calentado al ardiente sol de Marruecos y España.
Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civil y sentiréis regocijarse el ánimo al son del "txistu", la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la loca más alegría; presenciad un baile español y si no os acusa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago, pero decidnos luego si os ha divertido el espectáculo o más bien os ha producido hastío y tristeza.
En romerías de bizkainos rara vez ocurren riñas, y si acaso se inicia alguna reyerta, oiréis sonar una media docena de puñetazos y todo concluido; asistid a una romería española y si no veis brillar la traidora navaja y enrojecerse el suelo, seguros podéis estar de que aquel día el sol ha salido por el Oeste.
El aseo del bizkaino es proverbial (recordad que, cuando en la última guerra andaban hasta por Nabarra, ninguna semana les faltaba la muda interior completa que sus madres hermanas les llevaban recorriendo a pie la distancia); el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año.
La familia bizkaina atiende más a la alimentación que al vestido, que aunque limpio siempre es modesto; id a España y veréis familias cuyas hijas no comen en casa más que cebolla, pimientos y tomate crudo, pero que en la calle visten sombrero, si bien su ropa interior es "peor menealla".
El bizkaino que vive en las montañas, que es el verdadero bizkaino es, por natural carácter, religioso (asistid a una misa por aldea apartada y quedareis edificados); el español que habita lejos de las poblaciones, o es fanático o es impío (ejemplos de los primero en cualquier región española; de los segundo entre los bandidos andaluces, que usan escapulario, y de lo tercero, aquí en Bizkaya, en Sestao donde todos los españoles, que no son pocos son librepensadores).
Oídle hablar a un bizkaino y escuchareis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oidle a un español y si solo le oís rebuznar podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.
El bizkaino es amante de su familia y su hogar (cuanto a lo primero, sabido es que el adulterio es muy raro en familias no inficionadas de la influencia maketa, esto es, en las familias genuinamente bizkainas; y cuanto a lo segundo, si el bizkaino por su carácter emprendedor se ausenta de su hogar no le pasa día en que no suspire por volver a él); entre los españoles, el adulterio es frecuente así en las clases elevadas como en las humildes, y la afección al hogar es en estas últimas nula porque no la tienen.
Por último, según la estadística, el noventa y cinco por ciento de los crímenes que se perpetran en Bizkaya se deben a mano española, y de cuatro de los cinco restantes son autores bizcainos españolizados.
Decid, pues, ahora si el bizkaino es español por su tipo, carácter y costumbres
.
Sabino Arana, "¿Qué somos?". Obras Completas. Editorial Sabindiar-Batza. Buenos Aires. 1965. Páginas 627 y 628

Pureza de la raza vasca (Sabino Arana)


"Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional como a no enseñársela a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del con los españoles y evitar así el cruzamiento de las dos razas."

«Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla.»

"En Cataluña todo elemento procedente del resto de España lo catalanizan, y les place a sus naturales que hasta los municipales aragoneses y castellanos de Barcelona hablen catalán; aquí padecemos muy mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos euskéricos, u oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano."

"El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón”.

"¿Qué es, pues, lo que respecto de la pureza de la raza se contiene en el programa nacionalista? Puede reducirse en los puntos siguientes:
1.- Los extranjeros podrán establecerse en Bizkaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules; pero no podrán naturalizarse en la misma. Respecto de los españoles, las Juntas Generales acordarán si habrían de ser expulsados, no autorizándoseles en los primeros años de independencia la entrada en territorio bizcaino, a fin de borrar más fácilmente toda huella que en el carácter, en las costumbres y en el idioma hubiera dejado su dominación.
2.- La ciudadanía bizkaina pertenecerá por derecho natural y tradicional a las familias originarias de Bizkaya, y en general a las de raza euskeriana, por efecto de la confederación; y, por cesión del poder (Juntas Generales) constituido por aquéllas y éstas, y con las restricciones jurídicas y territoriales que señalara, a las familias mestizas euskeriano-extranjeras".

"Mas, ¿será posible que un español entre en mi familia?, ¿será posible que mi única hermana venga a ser mujer de un maketo?. Si tal acontece, ¡juro por la sangre de mi raza que he de largarme al fin del mundo, para no ver más a quienes así y por un plato de lentejas, menosprecian a su raza y venden a su patria!»".

(Los males habían empezado ya en el siglo IX, cuando los vizcaínos, olvidando sus instituciones, habían adoptado la forma de gobierno señorial “españolizándose en sus ideales”. El deplorable suceso “torció en tanto grado las inteligencias y los corazones de los bizkaínos que, produciendo aberraciones tales como la de llamar en los documentos Rey y Señor a quien sólo era Señor y consentir que firmara Yo el Rey (…) causó el más profundo y trascendental de llamarse a sí mismos españoles los vizcaínos; y no rechazado este maldito nombre de nacionalidad por aquel pueblo que (…) no preveía que las generaciones ulteriores habían de caer en la persuasión de que aquél les correspondía por naturaleza”. Definiéndose como “historiador filósofo”, consigue explicarse que sus paisanos se llamaran españoles en “la época de apogeo y engrandecimiento de España”, pero encontraba incomprensible la continuidad de tan nefanda costumbre en épocas de decadencia hispana).

La nacionalidad catalana (Prat de la Riba)


LA NACIONALIDAD CATALANA (1906)
"Siendo la nacionalidad una unidad de cultura, un alma colectiva, con un sentir, un pensar y un querer propios, cada nacionalidad ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, es decir, su política, a su sentimiento de las cosas, a su sentido, a su libre voluntad. Cada nacionalidad ha de tener su Estado.
[...] La aspiración de un pueblo a tener política propia, a tener un Estado suyo, es la fórmula política del nacionalismo. La aspiración a que todos los territorios de la misma nacionalidad se agrupen bajo la dirección de un Estado único es la política o tendencia pannacionalista...
[...] Allá donde hay nacionalidades que han de hacer vida en común, el régimen federativo tiene natural aplicación; el Estado federal, asociación de los Estados nacionales, es el organismo jurídico de la nueva formación política.
[...] Del hecho de la nacionalidad catalana nace el derecho a la constitución de su Estado propio, de un Estado catalán. Del hecho de la actual unidad política de España, del hecho de la convivencia secular de varios pueblos, nace un elemento de unidad, de comunidad que los pueblos unidos han de mantener y consolidar; de aquí, el Estado compuesto.
Estos dos hechos primarios, fundamentales, el de la personalidad nacional de Cataluña y el de la unidad de España, fortalecidos por dos leyes correlativas, la de la libertad que implica la autonomía y espontaneidad sociales, la de la universalidad que lleva a la constitución de potencias mundiales, se resuelven en una fórmula de armonía, que es la Federación Española.
Así, el nacionalismo catalán, que nunca ha sido separatista, que siempre ha sentido la unión fraternal de las nacionalidades ibéricas dentro de la organización federativa, es aspiración levantada de un pueblo, que, con conciencia de su derecho y de su fuerza, marcha con paso seguro por el camino de los grandes ideales progresivos de la humanidad".
Enric PRAT DE LA RIBA: La nacionalidad catalana, Alianza Editorial/ Enciclopedia Catalana, Madrid, 1987.

Comentario:
Representa la reacción de un nacionalismo identitario, cultural, frente al carácter uniformizador y centralista del nacionalismo político surgido de la revolución liberal (Constitución de 1812) y del posterior desarrollo del Estado liberal durante el siglo XIX.
El punto de arranque de sus reivindicaciones, el fin de la Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. (1713, y ss)

Define nacionalidad (en cuanto carácter distintivo de una nación) como “unidad de cultura” y “alma colectiva, con un sentir, un pensar y un querer propios”. Deduce que cada nacionalidad, consecuentemente, ha de poder acomodar su política (su conducta colectiva) a su forma de ser propia y que, para ello, cada nacionalidad ha de tener su propio Estado.
A esto aspira el nacionalismo: a que cada pueblo, cada nacionalidad, tenga su propio Estado y que todos los territorios separados, de una misma nacionalidad, puedan unirse bajo un único Estado. Propugna el sentimiento nacional, su independencia. (Carácter expansivo, imperialista).
De la existencia de la nacionalidad catalana, según Prat de la Riba, surge el derecho de Cataluña a tener un Estado catalán.

Pero también Cataluña (como nación, en el sentido de gentes vinculadas y organizadas políticamente en un Estado) ha convivido durante siglos con otros pueblos integrados en una “unidad política” llamada España (Estado español y no nación española).
Por ello, solo la constitución de un “Estado federal, asociación de los Estados nacionales”, puede hacer compatibles ambas realidades (el derecho de Cataluña a tener su propio Estado y la continuidad de secular unión con las demás nacionalidades ibéricas. Se hace necesaria, por tanto, la constitución de la Federación Española.
Por ello, Prat de la Riba afirma que el nacionalismo catalán nunca ha sido separatista, siempre ha sentido y respetado la unión fraternal de Cataluña con las demás nacionalidades ibéricas dentro de su necesaria organización federativa.

Redactor en 1891 de las Bases de Manresa, programa político de la derecha e izquierda catalana y proclamación abierta, oficial y sistemática del autonomismo catalanista:
“Cataluña será la única soberana de su gobierno interior, por tanto dictará libremente sus leyes orgánicas; cuidará de su legislación civil, penal, mercantil, administrativa y procesal; del establecimiento y percepción de impuestos; de la acuñación de la moneda, y tendrá todas las demás atribuciones inherentes a la soberanía que no correspondan al poder central”.

“Lo que generalmente se llama patria grande no es sino un Estado compuesto de varias agrupaciones sociales que tienen la condición de verdaderas patrias”.
España “no es más que el Estado o agrupación política a la cual pertenecen” los catalanes.
“El Estado es una entidad política, artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. El primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas”.
La Patria es “la comunidad de gentes que hablan una misma lengua, tienen una misma historia común y viven hermanados por un mismo espíritu que marca con un sello original y característico todas las manifestaciones de su vida”.

¿Cómo armonizar las justísimas reivindicaciones de Cataluña con la unidad política de España?. Por medio de la organización regionalista, por la unión federativa de las antiguas nacionalidades españolas.
“¿Qué atribuciones tendría el poder central o deferal en esta organización?. Todas las que se refieren a las relaciones de España con otros Estados, y, en general, las relaciones con intereses comunes a todas las regiones de España, como el ejército, las aduanas, ferrocarriles generales, etc.”. El “poder nacional catalán tendría todas las demás”.

Gobernada España por el Estado español, los catalanes somos españoles como miembros de este Estado, como ciudadanos de esta sociedad política.
No somos, pues, enemigos de España, tomada en este sentido (el único real), ni al combatir el Estado español queremos otra cosa que rehacerlo con equidad y justicia y con una organización más adecuada y perfecta, dentro de la cual Cataluña puede encontrar una vida de libertad y progreso”.

“Enclavada Cataluña en el área geográfica conocida con el nombre de España, somos españoles, del mismo modo que somos europeos por estar comprendida España dentro del continente Europa. Gobernada España por el Estado español, los catalanes somos españoles como miembros de este Estado, como ciudadanos de esta sociedad política.
No somos, pues, enemigos de España, tomada en este sentido (el único real), ni al combatir el Estado español queremos otra cosa que rehacerlo con equidad y justicia y con una organización más adecuada y perfecta, dentro de la cual Cataluña puede encontrar una vida de libertad y progreso”.
“Las Bases de Manresa, programa de la gran mayoría de los autonomistas catalanes, son incompatibles con una aspiración separatista. (...) Nuestra aspiración es una aspiración de libertad, pero también de unión y solidaridad con los demás pueblos. Nosotros, que queremos hacer más sólida y durable y, sobre todo, más justa la unión española, presentamos fórmulas de paz, nos dirigimos a las clases dirigentes de España y les hacemos observar que las actuales bases de unión no son equitativas, porque sacrifican a la fuerza del número elementos estimadísimos de nuestra personalidad; les recordamos el ejemplo de numerosas segregaciones que no se habrían producido si se hubiese escuchado la voz de los que pedían un poco de libertad (hechos que demuestran que la unión de ahora no sirve para unir, sino para separar)”.
(...) “queremos ver la patria catalana unida con vínculos de hermandad con los demás pueblos de España, formando una familia fuerte y bien avenida, sin Cenicientas explotadas ni herederas altivas”
(Textos tomados de “La Veu de Catalunya”, 20 de agosto 1899, 10 de abril de 1900 y 15 de junio de 1901. en “Catalanismo y revolución burguesa” Jordi Solé Turá. Madrid
1970, 166 y 167)

La doctrina Catalanista según PRAT DE LA RIBA:


El deber político fundamental es el de “amar a la patria”.
La patria de los catalanes es Cataluña”.
“El hombre tiene una sola patria, del mismo modo en que tiene un solo padre y una sola familia.
Lo que generalmente se llama patria grande no es sino un Estado compuesto de varias agruaciones sociales que tienen la condición de verdaderas patrias”.
España “no es más que el Estado o agrupación política a la cual pertenecen” los catalanes.
“El Estado es una entidad política, artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. El primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas”.
La Patria es “la comunidad de gentes que hablan una misma lengua, tienen una misma historia común y viven hermanados por un mismo espíritu que marca con un sello original y característico todas las manifestaciones de su vida”.

Cataluña ha de ser mirada “como a la larga cadena de generaciones unidas por la lengua y la tradición catalanas, que van sucediéndose en el terreno que ahora ocupamos nosotros”.

La Lengua Catalana “es un idioma. Lo motejarán de dialecto, algunos por ignorancia, otros por mala fe, considerándolo como una corrupción de la lengua oficial, que es la castellana”. La lengua Catalana no es una corrupción del castellano sino “todo lo contrario; la lengua catalana es más antigua que la castellana y había conseguido ya cierto esplendor cuando el castellano comenzaba a dar señales de vida. Esto, además de que poseen una manera de ser diferente e incluso opuesta”.

La legislación catalana “es diferente a la de Castilla. Antes del año 1714, lo era totalmente: leyes políticas, administrativas, judiciales, civiles, mercantiles; hoy sólo lo es en las civiles”.
El derecho civil catalán no es un derecho foral como dicen los castellanos porque “fuero quiere decir privilegio, excepción de una regla común; y el derecho catalán no es una variante del derecho de Castilla, sino un derecho independiente y completo, dentro del cual también hay un derecho común o general para toda Cataluña y un derecho foral o privilegiado para determinadas comarcas como el Valle de Arán, Barcelona, Campo de Tarragona, etc.”.
Lo característico del derecho civil catalán es “la autoridad atribuida a la costumbre por la cual el pueblo colabora a la formación del derecho; la libertad de testar y la sólida organización de la familia bajo la base de una autoridad paterna rotunda y de un patrimonio familiar permanente”.
Los principios en los que se funda el derecho castellano “son radicalmente opuestos a los anteriores: la negación de la libertad de testar; la negación de la costumbre; la exaltación de la ley escrita; la regulación minuciosa y excesiva que no deja nada a la iniciativa individual; el rebajar la autoridad paterna, y una débil y disolvente constitución de la familia y de su patrimonio”.
(...) “los sistemas jurídicos son tan opuestos que no pueden reducirse a uno solo sin que uno u otro sea sacrificado; como no es imposible combinar el sí y el no en una misma cosa”.
(...) los castellanos, criados bajo la influencia de una legislación tan diferente a la nuestra, y llenos de concepciones jurídicas tan opuestas, son ineptos para legislar sobre nuestro derecho civil, y todo cuanto hicieren para reformarlo, aun haciéndolo con buena fe, no daría otro resultado que su desorganización”. Por ello del derecho civil de Cataluña se deben cuidar “unicamente los catalanes, porque son los únicos que lo sienten y conocen y poseen su espíritu”.

Reivindicaciones de Cataluña:
“Qué frase célebre resume nuestras aspiraciones y constituye el lema de nuestra bandera?: Cataluña para los catalanes” que significa “que en Cataluña deben gobernar los catalanes y no como hoy los castellanos o los políticos a la castellana, como si fuésemos menores de edad o no supiésemos”.
“¿Por qué Casilla tiene tanto interés en gobernar todas las demás regiones?. Porque es un país pobre y sus hijos se dedican a la industria de la política, que es, ciertamente, más descansada que la de nuestras fábricas.
¿Cómo debemos poner fin a esta industria injuriosa para nosotros?. Estableciendo que todos los cargos públicos de Cataluña deben de ser desempeñados por catalanes"”
Además debemos reivindicar “el derecho indiscutible de Cataluña a constituirse y organizarse según sus necesidades y carácter, y a darse toda clase de leyes que más se acomoden a su forma de ser”.
Se nos ha de reconocer además otro derecho, “el uso de la lengua catalana, en todos los actos públicos y privados, como la única oficial de Cataluña”.
“¿ Cómo podemos armonizar estas justísimas reivindicaciones con la unidad política de España?. Por medio de la organización regionalista, que consiste en la unión federativa de las antiguas nacionalidades españolas”.
“¿Qué atribuciones tendría el poder central o deferal en esta organización?. Todas las que se refieren a las relaciones de España con otros Estados, y, en general, las relaciones con intereses comunes a todas las regiones de España, como el ejército, las aduanas, ferrocarriles generales, etc.”.
El “poder nacional catalán tendría todas las demás”.
Las Cortes Catalanas se formarían “por medio del sufragio universal de los cabezas de familia, por gremios y profesiones, a fín de acabar con el parlamentarismo que entrega el gobierno de los Estados a los charlatanes de oficio”.
Cataluña contribuiría al ejército español “por medio de voluntarios, o bien entregando una compensación de dinero previamente convenida con el poder federal, quedando abolidas las quintas”.
Enric Prat de la Riba y Pere Montanyola. “Compendi de la Doctrina Catalanista”. La Renaixensa. Sabadell (1894)

Bases de Manresa (1891)


Las Bases de Manresa, 25 de marzo de 1891, (redactadas por Prat de la Riba) constituyeron el programa político de la derecha e izquierda catalana y que fundamento y la proclamación abierta, oficial y sistemática del autonomismo catalanista:
(...) "Se mantendrá el carácter amplio de nuestra legislación antigua, formando, para ponerlas de acuerdo con las nuevas necesidades, las sabias disposiciones que contienen respecto a los derechos y libertades de los catalanes.
La lengua catalana será la única que con carácter oficial podrá usarse en Cataluña y en las relaciones de esta región con el poder central.
Unicamente los catalanes, ya lo sean por nacimiento bien por naturalización, podrán desempeñar cargos públicos en Cataluña (...).
Cataluña será la única soberana de su gobierno interior, por tanto dictará libremente sus leyes orgánicas; cuidará de su legislación civil, penal, mercantil, administrativa y procesal; del establecimiento y percepción de impuestos; de la acuñación de la moneda, y tendrá todas las demás atribuciones inherentes a la soberanía que no correspondan al poder central.
(...) La enseñanza pública en sus diferentes ramos y grados deberá organizarse de una manera adecuada a las necesidades y al carácter de la civilización de Cataluña (...)
La Constitución catalana y los derechos de los catalanes, estarán bajo salvaguardia del poder ejecutivo catalán.
Se reformará la legislación civil de Cataluña tomando como base su estado anterior al Decreto de Nueva Planta y las nuevas necesidades de la civilización
catalana (...).

Memorial de Greuges (1885)

Palabras de Maspons i Labrós a Alfons XII en la presentación del " Memorial de Greuges" o la "Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña"(1885)
"Señor: Jamás Comisión alguna ha debido presentarse ante V. M. más conmovida que la que en este momento, y bien inmerecidamente por cierto, tengo la honra de presidir. A excepción mía, compónenla, Señor, los hijos más preclaros de Cataluña, aquellos que, así en literatura como en ciencias políticas y morales, así en industria como en el mero trabajo obrero, ocupan el primer lugar en Cataluña, y se acercan a las gradas del trono en súplica de que V. M. se digne fijar su atención en las desgracias que sobre nuestro país viene acumulando la política centralista y unificadora de los partidos.
"Al efecto, tengo la honra de suplicar que acepte esta exposición y esta Memoria, reflejo fiel, en nuestro sentir, de los dolores y aspiraciones de Cataluña.
"Conocemos perfectamente, Señor, las obligaciones que a la regia prerrogativa impone el sistema constitucional y por que lo conocemos, no formulamos en la exposición y Memoria petición alguna que pueda contrariar los preceptos constitucionales. Pero, por lo mismo, conocemos lo que a la iniciativa de V. M. deja la Constitución, nos permitimos rogarle que fije la atención en estos documentos.
"No tenemos, Señor, la pretensión de debilitar, ni mucho menos atacar la gloriosa unidad de la patria española ; antes por el contrario, deseamos fortificarla y consolidarla : pero entendemos que para lograrlo no es buen camino ahogar y destruir la vida regional para substituirla por la del centro, sino que creemos que lo conveniente al par que justo, es dar expansión, desarrollo y vida espontánea y libre a las diversas provincias de España para que de todas partes de la península salga la gloria y la grandeza de la nación española.
"Lo que nosotros deseamos, Señor, es que en España se implante un sistema regional adecuado a las condiciones actuales de ella y parecido a alguno de los que se siguen en los gloriosísimos Imperios de Austria-Hungría y Alemania, y en el Reino Unido de la Gran Bretaña, sistema ya seguido en España en los días de nuestra grandeza.
"Lo deseamos no sólo para Cataluña, sino para todas las provincias de España; y si en nombre de Cataluña hablamos, es porque somos catalanes y porque en estos momentos sentimos como nunca los males que el centralismo nos causa.
"Señor, se nos arrebató nuestro sistema administrativo, que hoy encuentran bueno e imitan naciones cultas de Europa, para ser substituido, primero por el sistema castellano, y hoy por una copia imperfecta y viciosa del sistema francés.
"No podemos usar nuestra lengua más que en nuestros hogares y en conversaciones familia-res: desterrada de las escuelas, lo ha sido mas tarde de la contratación pública y también de los tribunales, en los cuales muchas veces, y por muy ilustrados que sean, ni los jueces entienden a los testigos y procesados, ni éstos entienden a los jueces.
" Y como si todo esto no fuera bastante, hace tiempo que viene amenazándose, y hoy se intenta con empeño destruir, o cuando menos adulterar, nuestro derecho civil, base indeleble de la robusta y moral organización de la familia catalana y de nuestra propiedad, que va aumentando y creciendo a medida que unas generaciones suceden a otras generaciones.
A fuerza de trabajo y privaciones sin cuento, nuestros industriales han creado una industria española que en cuarenta años ha progresado y alcanzado altísimo nivel. Esta industria viene siendo atacada de raíz de algunos años a esta parte, y últimamente lo ha sido y lo es por medio del tratado con Francia y del proyecto de modus vivendi con Inglaterra.
"Señor: sólo la poderosa iniciativa de V. M., su alta sabiduría y el amor que profesa a nuestro país, puede poner remedio a nuestros males. Rogamos, pues, a V. M. que lo haga, seguro de que no han de faltarle las bendiciones del cielo, y la inmensa, la inmensísima gratitud de los hijos de Cataluña."


RESPUESTA DE ALFONSO XII A LA COMISIÓN QUE LE PRESENTÓ EL "MEMORIAL DE GREUGES". (1885)
"Que recibía satisfecho a los representantes de Cataluña y una comisión tan notable en cien-cias, literatura, artes e industrias. Que comprende perfectamente estas reclamaciones, porque Cataluña cumplía mejor, con su laboriosidad, la ley del trabajo impuesta por Dios a todos, mientras dura nuestro breve tránsito por la tierra. Que gracias a lo expresado, España no era una nación exclusivamente agrícola, y por lo tanto, pobre, de modo que si España tiene industria lo debe a Cataluña. Que España sin industria, y sólo con sus recursos naturales, no podía alimentar a sus habitantes, y si, desgraciadamente, se llegase a perder lo que tiene, abriga el triste presentimiento de que si Dios le concedía largos años de vida, al final de su reinado España tendría menos habitantes que ahora. Que por su carácter de rey constitucional, tenía que atemperarse a las Cortes y a los ministerios, y que en el caso particular del actual tratado, cuando se hizo el de Francia, fue de prever que fatalmente venía el de Inglaterra. Dijo que de todos modos Cataluña podría llevarse la seguridad de que sería su abogado convencido, en las cuestiones de su industria y de sus leyes, porque en cuanto a la primera era proteccionista, y tan individualista como la Comisión por lo que respecta a las segundas. Dijo, finalmente, que recibía con mucho gusto la Memoria y tendría interés en estudiarla".

sábado, 18 de octubre de 2008

La II República contra Hitler

REPORTAJE: HISTORIA
Guerra contra Hitler
Documentos inéditos prueban que el coronel Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor de la República, propuso al Gobierno de Negrín que provocara una guerra con la Alemania nazi
JORGE M. REVERTE 18/10/2008
'Guerra contra Hitler' es un reportaje del suplemento 'Domingo'
Reaccionar ofensivamente contra la nación alemana. En otras palabras, declarar la guerra al país más poderoso de Europa. Es el consejo que el Estado Mayor Central, que dirige el coronel Vicente Rojo, le da al Gobierno de la República el día 31 de mayo de 1937. Indalecio Prieto, ministro de Defensa, ha encargado a Rojo que estudie todas las posibilidades y presente al Consejo de Ministros la propuesta esa misma mañana.

El Estado Mayor pensó que franceses, ingleses y soviéticos ayudarían a la República si era atacada por Alemania
El Gobierno rechazó el plan de Prieto. Negrín, Azaña, los comunistas y los nacionalistas vascos y catalanes se opusieron
El motivo merece ser estudiado y que se tomen medidas. Una poderosa flota alemana compuesta por un acorazado de bolsillo y cuatro destructores ha bombardeado impunemente durante dos horas el centro de Almería. Más de doscientos disparos de gran calibre han caído sobre la ciudad y han causado casi cuarenta muertos y doscientos heridos. Muchos edificios se han derrumbado. La escasa artillería de costa no ha podido responder al ataque. Los buques llevaban enarbolada la bandera de su país, no han pretendido ocultar su procedencia.
La agresión alemana es una respuesta a otro ataque. Dos días antes, el 29 de mayo, una escuadrilla de bombarderos rápidos republicanos Tupolev SB-2, los llamados Katiuska, tripulados por pilotos soviéticos, partió de la base de Los Alcázares, en Murcia, y bombardeó un gran buque de guerra fondeado en las proximidades de Ibiza. Los aviadores afirmaron a su vuelta que creían estar atacando a uno de los mayores barcos de guerra franquista, el crucero Canarias. Sin embargo, se trataba de un acorazado de bolsillo alemán, el Deutschland. El barco, que incumplía la normativa del Comité de No Intervención de permanecer a un mínimo de diez millas de la costa española, resultó seriamente averiado por las bombas, y se registraron más de treinta muertos y setenta heridos entre sus tripulantes.
El ministro de Defensa convocó con urgencia al Estado Mayor Central (EMC) para que hiciera un análisis de la situación y diera sus recomendaciones al Gobierno. Indalecio Prieto ordenó que se produjera el cónclave. La reunión la presidió Rojo y acudieron los responsables de las distintas áreas del Estado Mayor, una quincena de personas. Y el dictamen fue inequívoco, porque sólo había dos salidas; una indigna, que era ignorar la brutal agresión; la otra, peligrosa pero que podía tener sus ventajas, atacar a los barcos alemanes y provocar un conflicto de mayor envergadura, intentando arrastrar a la guerra que provocarían los alemanes a Francia, el Reino Unido y la Unión Soviética.

La reunión transcurre en un ambiente inevitable de tensión. Al acabar la misma, las conclusiones son terminantes: el Gobierno tiene dos opciones, mantenerse en una actitud expectante, o bien reaccionar ofensivamente contra la agresión alemana. Es preciso tener en cuenta que el bombardeo de Almería no se ha producido bajo la obscena cobertura de la afiliación de los barcos a la Legión Cóndor, el contingente voluntario de militares alemanes enviado por Hitler a España, que lucha oficialmente como si fuera una parte de la Legión. Ha sido aún más grosera, porque lo han realizado un acorazado, el Admiral Scheer, gemelo del Deutschland, y cuatro destructores, todos ellos de la armada alemana. O sea, que ha partido de buques de un país teóricamente no implicado en el conflicto. Ni siquiera los capitanes se han molestado en arriar la bandera alemana de sus mástiles para disparar sus cañones. La marina de Alemania ha bombardeado abiertamente una ciudad española.

El EMC recomienda al Gobierno que reaccione siguiendo la segunda de las posibilidades, es decir, a la ofensiva. ¿Esto qué significa? No hay que ser muy agudo para responder a la pregunta, porque supone declarar la guerra a la primera potencia continental.
La propuesta de ofensiva se concreta en una acción por mar y por aire. Desde el mar, el EMC propone que los submarinos que actúan en el Cantábrico se desplacen al canal de la Mancha para hundir barcos de guerra alemanes. Al mismo tiempo, toda la aviación se puede volcar en un ataque generalizado contra las bases navales de Melilla y Palma, que son las que utiliza normalmente la marina alemana en su misión de controlar el transporte marítimo en el Mediterráneo.

El EMC reconoce que la decisión tiene un carácter político, está en manos del Gobierno, porque supondría ampliar el carácter de la guerra de manera franca, "borrando las actuales ficciones", porque Italia y Alemania están ya haciendo la guerra a España, que lucha contra tres (sic) naciones.
Para el caso de que el Gobierno aceptara la propuesta de Vicente Rojo, sus miembros proponen un plan de contingencia. Si la respuesta se produce, Alemania va a reaccionar declarando en la práctica la guerra abierta a la República, bien mediante un bloqueo que sería absoluto, o bien por una agresión oficial. Como medida más eficaz para aliviar la hipótesis del bloqueo, la salida debe ser diplomática, obligando a Inglaterra, Francia y Rusia (sic) a permitir el paso por tierra de los suministros.

En el caso de que Alemania se decidiera por la ofensiva abierta con utilización de medios abundantes, la inferioridad republicana sería tal que obligaría a procurar la ayuda externa en todos los órdenes, el humano, el material, el económico y el militar, lo que conduciría a su vez a provocar una guerra internacional de gran volumen que llevaría a resolver la guerra a favor de la España leal.
Siguiendo en esa hipótesis de guerra abierta, el EMC propone una estrategia de ganar tiempo, a través de la economía de medios hasta que la ayuda exterior pueda llegar. Eso quiere decir mantener una actitud ofensiva de la aviación y un pase franco a la defensiva de las tropas de mar y tierra. Las coordenadas de la defensa se marcan de una manera precisa, señalando en qué líneas deben atrincherarse las tropas con mejores posibilidades de defensa, en qué puertos debe refugiarse la flota y en qué aeródromos debe residir la potente fuerza aérea que ahora se posee para atacar a los barcos enemigos y resistir su más que probable reacción. Sobre la actitud ofensiva de la aviación, no es ninguna quimera. En estos momentos, la República posee una sesentena de bombarderos rápidos y más de un centenar de cazas de gran eficacia que podrían causar graves daños a la flota alemana.

El EMC no se engaña en relación con la posible actitud de apoyo de las potencias democráticas y la URSS en el caso de que se desatase el conflicto internacional. Para ayudar a que franceses, ingleses y soviéticos se decidan a intervenir, se puede "estudiar la posibilidad de hacer promesas de tipo territorial, puesto que se considera que los aspectos ideológico y sentimental no serán bastantes". Es evidente que la sugerencia está referida a las posesiones españolas en África, que son para la República más un dolor de cabeza que un motivo de orgullo patriótico. Allí tiene su retaguardia, su banderín de enganche, el ejército enemigo.
El escrito se traslada al Consejo de Ministros mientras comienzan a sonar los primeros cañonazos de una ofensiva republicana sobre La Granja. Indalecio Prieto se presenta en la reunión del Gobierno con el informe, y lo defiende. Para él, la mejor salida es hacer que el conflicto se convierta en internacional, porque piensa que la reacción de Francia e Inglaterra no podrá ser otra, en caso de guerra abierta con Alemania, que la de apoyar a la República.
Durante varias horas, los ministros debaten. La controversia es proporcional a la gravedad del asunto. El jefe del Gobierno, Juan Negrín, ante las discrepancias y las dudas, aplaza la discusión y reclama la presencia de Manuel Azaña, presidente de la República, quien preside la nueva reunión a las tres de la tarde.
Pero el Gobierno rechaza el plan de Prieto. Ni Negrín, ni los republicanos, ni los comunistas, obedientes a los intereses de Moscú, ni los nacionalistas catalanes y vascos quieren que aumente la magnitud de la catástrofe. El presidente Manuel Azaña está también abiertamente en contra de extender el conflicto. No sólo por razones tácticas, sino sobre todo por razones de carácter ético. No desea más sangre. Lo hará siempre patente en todas sus intervenciones públicas. Lo dijo de una manera franca en su discurso del 21 de enero en el Ayuntamiento de Valencia rechazando las tentaciones de convertir la guerra española en guerra general: "En primer lugar porque la guerra, de por sí, es siempre una catástrofe (...). Y en segundo término porque la guerra general dejaría sumidas las aspiraciones españolas y la justa causa española debajo de las grandes contiendas que se plantearan al mundo europeo (...)". Y la decisión es firme: no habrá guerra europea. A Azaña se le atribuye una frase contundente al respecto: "El Deutchsland puede ser nuestro Maine", en referencia al acorazado norteamericano cuyo hundimiento provocó la guerra con Estados Unidos en 1898.

La actitud de los comunistas es determinante. El ministro de Instrucción Pública ha aclarado su postura durante el receso. Según dirá después Indalecio Prieto, ha consultado al representante de la Komintern en España, Palmiro Togliatti, y éste le ha dicho que no puede apoyar una solución así, que perjudica los intereses de la URSS.
El Gobierno se traga la agresión, reduce su reacción a protestar por la flagrante quiebra de la presunta neutralidad alemana en todos los foros internacionales a los que puede acudir para denunciar la agresiva política en España de Italia y Alemania. Al margen de otras consideraciones, nadie puede tener la seguridad -salvo por lo que se refiere a los intereses de la URSS, defendidos por los asesores soviéticos- de que el bloque de países democráticos se la vaya a jugar por España. Ni siquiera los ingleses actúan de una manera contundente cuando sus barcos mercantes son atacados por navíos de guerra o por la aviación italo-alemana en los puertos donde descargan. Se han producido hundimientos y muertos de nacionalidad inglesa, pero ningún acorazado británico ha bombardeado puertos o ciudades en manos de los rebeldes. Hay un evidente doble rasero dentro del Comité de No Intervención. El desvergonzado bombardeo de Almería provoca escándalo internacional, pero nada más que escándalo.
La crisis es de una envergadura gigantesca, y muestra de forma transparente la visión de Vicente Rojo, convencido de que la guerra europea, limitada o no, sería mucho más favorable a los intereses de la República que la guerra reducida que él dirige desde el punto de vista militar.
Rojo y sus colaboradores aceptan disciplinadamente pero de mal grado la decisión. El coronel no dejará nunca de pensar que se perdió una gran oportunidad para resolver la guerra de forma favorable a los intereses republicanos. Considerará que una reacción "más firme, más enérgica y digna, y explotada atinadamente en el orden nacional y humano, hubiera podido provocar el verdadero levantamiento nacional contra nuestros verdaderos enemigos: los invasores".
Pero, en cierta manera, la decisión del Gabinete es tremendamente coherente con el optimismo que empapa ahora la acción del nuevo Gobierno en el terreno militar. Un optimismo que cultiva el propio Rojo, que muestra Indalecio Prieto y por el que se deja llevar, suavemente, el mismo presidente de la República. Si existe la posibilidad de derrotar a los franquistas, ¿para qué provocar una catástrofe añadida a las que ya padece España?

La guerra ampliada nunca tuvo lugar.
(Los documentos en los que se basa este artículo se encuentran en el Archivo Histórico Nacional, y están inéditos. La historia forma parte del libro El arte de matar, de Jorge M. Reverte, que verá la luz en la primavera de 2009).